El sendero de la montaña parecía tranquilo esa mañana como si el mundo hubiera decidido darnos una segunda oportunidad el aire era limpio frío con ese aroma a pino que te hace creer que todo puede empezar de nuevo
Caminábamos en fila uno detrás del otro avanzando por un estrecho camino de piedra que bordeaba el acantilado y aunque el paisaje era hermoso había algo en el silencio que no terminaba de sentirse natural
Yo iba unos pasos detrás de mi esposo Richard y a nuestros sesenta y tantos años él seguía caminando con esa seguridad que siempre me había hecho sentir protegida como si nada pudiera salir mal mientras él estuviera delante
Detrás venían nuestro hijo Ethan y su esposa Laura y vernos a los cuatro juntos después de tanto tiempo debería haber sido un momento de alegría pero en lugar de eso había una tensión difícil de explicar
No era evidente no era algo que pudiera señalar directamente pero estaba ahí en las pausas en las miradas en la forma en que las conversaciones no terminaban de fluir
Ethan hablaba poco más de lo habitual y Laura sonreía demasiado como si intentara llenar con gestos lo que no decía con palabras y esa combinación me incomodaba aunque no entendía por qué
Richard parecía no notar nada seguía caminando con firmeza concentrado en el sendero en el ritmo en el movimiento constante que siempre había caracterizado su forma de enfrentar cualquier situación
—Deberíamos parar un momento dije intentando romper ese silencio que comenzaba a pesar
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